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La Vicerrectoría de Servicios a Aspirantes, Estudiantes y Egresados – VISAE, en el mes de diciembre creo el Concurso EcoArte Literario: Cuenta y encanta con las maravillas de tu región,  el cual buscaba que la comunidad Unadista pudiera fortalecer su expresión y creatividad por medio de expresiones artísticas enfocadas al fortalecimiento de la conciencia ambiental, a través de las buenas prácticas ambientales.

Este concurso se realizó del 6 al 18 de diciembre de 2019, y en este podían participar todos los estamentos universitarios, postulando cuentos enfocados en generar conciencia ambiental. En esta ocasión, la ganadora es Mayra Sofía Rua Gámez, docente del Instituto Virtual de Lenguas – INVIL del CEAD Valledupar, con el cuento “Amor de aguas frías del Cesar. Encanto del Río Gutapurí”. 

Es importante resaltar que este concurso fue liderado por la línea de Medio Ambiente y la línea de Arte y Cultura de la Vicerrectoría de Servicios de Estudiantes, Aspirantes y Egresados – VISAE, quienes, además, envían un mensaje de felicitación a la ganadora del concurso y espera que este sea el punto de partida para la ejecución de acciones que contribuyan a la generación de conciencia ambiental.

 

Mayra Sofía Rua Gámez 

Ganadora concurso EcoArte Literario: cuenta y encanta con las maravillas de tu región

Amor de aguas frías del Cesar. “Encanto del Río Gutapurí”

 

En una linda cabaña, de tierras lejanas, cañahuates amarillos, montañas profundas y de aves multicolores, vivía el gran Tomás, sentado en su asiento de madera, escuchando el canto de las aves e imaginando tocar las nubes. Con su cuerpo delgado, su piel morena y su cabeza casi calva, subía en veinte minutos grandes cerros, en un recorrido que una persona sin experiencia se tomaba más de tres horas.

Ágil, y sin descanso, rodeaba cada montaña cada día. Miraba el río, tomaba agua de él y cantaba de las canciones vallenatas, de los viejos juglares de su tierra. Estaba soltero y soñaba con tener a una sirena encantada a su lado, que disfrutara de sus mismos gustos y que no le reprochara el cuidar de la reserva natural, donde vivía con poco, donde en cualquier momento se podía topar con una serpiente, con un mono aullador o hasta con un jaguar. Pensaba que a sus 50 años era un poco difícil, pero no imposible.

A su lugar de vivienda llegaban extranjeros, guiados por él como parte de lo que consideraba su trabajo, mostrar la belleza de su región y la gran variedad de especies y el paisaje que adornaba la ciudad. Era feliz pero su complemento aún no llegaba.

En una de las tantas visitas, se presentó un grupo de mujeres, varias de ellas con la felicidad de estar allí, pues el creador, les había concedido la oportunidad de tener vida después de un largo período de lucha contra una enfermedad, ellas estaban con el anhelo de comerse el mundo. Entre el grupo, Tomás visualizó unos lindos ojos negros, piel morena y cabello ondulado. Le impresionó las grandes pestañas de esa sirena que dulcemente sonreía y que demostraba el goce con cada cosa que Tomás refería.

Su corazón saltaba, pero a la vez lo disimulaba pues era de conocer que mujeres de 40 y 50 años solteras, es poco encontrarlas. ¿Qué clase árbol es ese?, preguntó la bella dama. Es una bella ceiba; respondió Tomás. En ese instante se escuchó un gran grito; todas las mujeres corrieron y Tomás preguntó, ¿Qué sucedió?, Era la bella dama de ojos negros. Un gran ciempiés, le había entrado por el pantalón y le había mordido en su pierna derecha. Inmediatamente Tomás accionó. Todos subieron lo más rápido hasta la casa de madera de Tomás y allí tomando una gran contra de hojas de eucalipto, hierbabuena, toronjil, orégano, hojas de Hayo, y licor, aplicó en gran cantidad sobre la pierna de la mujer, de igual manera le hizo tomar un trago de esta y esperar, hasta que el ardor pasara.

Que gran susto, exclamaban las mujeres, pero igual sonreían porque decían que todo quedaría como historia más adelante. Cuando ya todas las mujeres estaban relajadas, Tomás sugirió sumergirse en las aguas frías del Río Guatapurí, que a solo unos pasos podían encontrar y cuyas aguas tenía grandes propiedades. Si se bañan esta vez, regresan a este lugar, y si la segunda vez lo hacen nuevamente y eres soltera, te casas con alguien de esta región. Todas rieron. Era un gran dicho y parte de una leyenda que Tomás desearía sucediera con quién había encantado sus ojos.

Todas sin excepción se bañaron en las frías aguas del río, jugaron como niñas, cantaron, hicieron historias, al casi terminar el día, ya todas las mujeres, contentas agradecían a Tomás ser su guía. La bella dama, estrechó la mano de Tomás y agradeció su gran gesto, y todo lo que hizo por ella, prometió regresar y volver a respirar el aire de esas grandes montañas.

Como sorpresa, a los seis meses, el mismo grupo de mujeres, esta vez con sus familias regresó. Con panes, galletas, recordatorios de sus tierras frías para el gran señor que ya les había servido de guía anteriormente. La bella dama, no olvidaba el pasado gesto de Tomás. Al llegar a la cabaña, como la vez pasada, todas las mujeres quisieron bañarse en el río nuevamente. Y la bella dama como por arte de magia vislumbró algo que no había notado. Un cuerpo delgado, una bella piel morena y cabeza casi calva. Era Tomás. Aquí, la leyenda se hizo realidad. Fue el punto de partida para el amor de ella y Tomás. Al siguiente año, la sirenita encantada ya era real para Tomás. 

 

Autora: Mayra Sofía Rua Gamez

Docente del Instituto Virtual de Lenguas INVIL.

CEAD Valledupar

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